martes

"Se aceptan argumentos, pero no alcanzan". Escribe Carlos Madera Murgui

Alguien dijo: "Las batallas no libradas, son las peor perdidas, o nunca se pierden o algo parecido."

Sólo sé que significa que quién no batalla, nunca va a ganar la guerra.

Las acciones de nuestras autoridades, políticas, de seguridad, judiciales, nadie duda son de la mejor intención, más allá de los resultados que puedan obtener, que no depende, a veces, o no tiene relación con la intención.

Los últimos sucesos vinculados con la seguridad de nuestros habitantes, despertaron casi cíclicamente , como ocurre , paradójicamente con los mismos hechos, la reflexión sobre el funcionamiento de denuncias, investigaciones, estructuras, comportamientos de un entramado constitucional de servicios y herramientas con mecanismos siempre públicos, obvio, de cómo cuidar de la comunidad.

La discusión pasa por si las estadísticas reflejan un estado real de cosas, si esas estadísticas conforman un nivel de denuncia que no coincide con los ilícitos, si los habitantes confían más en la justicia que en la policía -o en ninguno de los dos-, si el intendente y los concejales se mueven en la medida que amerita la situación, si la policía debería ser más concreta en las explicaciones de su desenvolvimiento.

Lo cierto es que los hechos necesitan de explicaciones públicas que vayan más allá , de la buena voluntad de quienes tienen esa tarea.

No centremos la discusión sobre si vivimos en una población donde la tranquilidad es su principal atributo y la contaminación que avanza como una ola por toda la Argentina, nos ha quitado vivir con el sosiego de siempre.

No importemos, ya lo he dicho, comportamientos o dolores de otros lados, ocupémonos de lo que sucede aquí, qué cosas nos ocurren que no son habituales, como robos y hurtos en domicilios perpetrados por ladrones que conocen el movimiento de todos los integrantes de la familia, principalmente en fines de semana donde todos sabemos dónde nos vamos a juntar ese día.

Las afluencias de personas a eventos públicos, o de alejamiento de sus hogares se produce en fines de semana, donde se centran los ilícitos o disturbios, casi nunca otros días.

Las zonas de los sucesos, como ha ocurrido últimamente, para que se ubiquen, zona del hospital en pleno día, o el barrio de la seguidilla en no más de dos manzanas, no aparecen como hechos a urgar en las más complicadas e intrincadas prácticas o comportamientos del delito a combatir.

Se aceptan ciertos argumentos, como el "estamos trabajando", pero no alcanza.

Se espera algo más, recuerdo hace algunos años, no muchos, cuando la plaza central Manuel Dorrego, a cincuenta metros de la municipalidad, había sido tomada literalmente por varios jóvenes, que habían decidido cobrar una especie de peaje para cruzar por la noches, sí aquí en Dorrego.

El problema duró un par de semanas, hasta que varios vecinos hicieron saber su malestar llano, sin eufemismos, donde debían, a la gente que tenía esa responsabilidad y la cuestión se resolvió en el tiempo que lleva recorrer la distancia geográfica que existía entre la solución y el problema.

Trascendieron acciones inquietas fuera de la ciudad en el sentido sumatorio del contexto o la atenuación hacia los últimos sucesos que creo que la mayoría se resiste a que nos expliquen que son cosas que pasan en todos lados y que debemos convivir con ellos por la enumeración de factores que escuchamos recurrentemente.

Acá no debe pasar, y no es una expresión de deseo, es un reclamo público, mediante un medio de comunicación hacia los actores que todos conocen y que tienen la obligación de cumplir ese cometido.

Esperamos la respuesta, los sabemos ocupados, no es tanto pedir, tampoco es Waterloo, de la batalla que hablamos.

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